¿Qué está pasando con los azúcares en las bebidas refrescantes?

Se trata de una realidad consolidada y sin vuelta atrás: los azúcares añadidos en alimentos y bebidas afectan negativamente a varios aspectos de la salud.

Durante los últimos años la OMS ha estado alertando de que la obesidad es un problema de salud pública de importancia mundial. El evidente crecimiento de esta patología y otras asociadas suponen un reto de los sistemas sanitarios de muchos países. Este Organismo hace especial mención a los riesgos que conlleva el consumo de bebidas con elevado contenido de azúcares, pues el aumento del consumo de refrescos está relacionado con una mayor incidencia del síndrome metabólico (ligado al sobrepeso y obesidad) así como resistencia a la insulina causando diabetes. En este sentido la Asamblea Mundial de la Salud (órgano de decisión de la OMS) en 2013 elaboró el Plan de Acción para la Prevención y Control de Enfermedades no Transmisibles donde propuso un catálogo de medidas políticas y fiscales que incluía el incremento de impuestos pues, según dicho Plan, el gravamen de impuestos a productos de gran consumo como las bebidas azucaradas han demostrado ser estrategias efectivas para reducir su demanda. En paralelo a estas recomendaciones de la OMS, desde hace algunos años estamos observando que las cosas están cambiando en los países de nuestro entorno con las iniciativas legislativas orientadas a gravar impuestos a las bebidas refrescantes:

  • Desde enero de 2012 Francia hizo efectivo un impuesto a las bebidas endulzadas con azúcar que venía a incrementar el precio de las bebidas en azúcar añadido en un 10%.
  • México estrenó un gravamen de similar cuantía también a los refrescos a partir de enero del 2014.
  • En Estados Unidos, la cuna de las bebidas refrescantes, desde el pasado mes de julio de 2014 tiene sobre la mesa una propuesta legislativa denominada “ley Sweet” que pretende regular al alza los precios de las bebidas en función de la cantidad de azúcares que contengan. La ley pretendería establecer un impuesto de 1 céntimo adicional por cada cucharadita de azúcar que contenga la bebida. La ley Sweet no aplicaría en ningún caso a la leche y sustitutos ni a los zumos de frutas.
  • Países como Finlandia tienen impuestos especiales contra la obesidad para productos muy azucarados como refrescos, helados y chocolate. Hungría introdujo también en 2011 un impuesto sobre los bienes con alto contenido en grasas, azúcar y sal.

En todos estos países, los legisladores promotores de tales iniciativas, las han justificado argumentando que los fondos recaudados se destinarán a cubrir los costes de atención a los ciudadanos que padezcan obesidad, diabetes, problemas dentales u otras consecuencias negativas derivadas del consumo de bebidas azucaradas.

Pero, ¿tanto azúcar consumimos con los refrescos?

Al margen de lo apropiado a no que nos puedan parecer estas medidas legales para solucionar el problema, voy a aprovechar este punto del Copa azúcarpost para hacer una ilustración en términos prácticos de la cantidad de azúcar que contienen los refrescos. Si tomamos como ejemplo una Coca-cola de 330 ml  observaremos en su declaración nutricional que contiene 10.6 g de azúcar por cada 100 ml, o lo que es lo mismo 35 gramos en el bote entero. Ésta cantidad de azúcar equivale unas 6 o 7 cucharadas de azúcar (de las de leche, no de las cucharillas de café). Imaginemos la situación siguiente en la que nos ponemos de protagonistas: Supongamos que cualquiera de nosotros nos encontramos en nuestro centro de trabajo y en la pausa del almuerzo aprovechamos para ir a una cafetería con algunos compañeros. Allí, pedimos un café con leche y acto seguido le añadimos entre 6 y 7 cucharadas de azúcar. Pues si seguimos con este ejercicio de imaginación y pensamos en la reacción de nuestros acompañantes de mesa, la reacción que cabe esperar de los mismos es la de admiración por la gran cantidad de azúcar dosificada. Valga esto como reflexión pues ni más ni menos esta cantidad es la que ingerimos al tomar un bote de Coca-cola.

Las alternativas de la industria de refrescos ante la actual situación

La respuesta de la industria a esta tendencia de Autoridades y Organismos no se ha hecho esperar, e incluso se puede afirmar que ha sido de anticipación a los cambios legislativos que se avecinaban y en este sentido, durante los últimos años hemos podido observar que los expositores del supermercado y las máquinas de vending han sido tomados por las denominadas bebidas “zero”, aquellas que llevan edulcorantes artificiales no calóricos. Hoy día no hay marca de refrescos sin su versión zero o al menos baja en calorías, entre ellas, Coca-cola, Pepsi, Kas y Trina.

Pero los trastornos de la industria de los refrescos están lejos de terminar aquí, según los últimos estudios de mercado en 2013 las ventas de refrescos light cayeron casi un 7% en EEUU ese año según un análisis de Wells Fargo a partir de datos de Nielsen.

Un hecho bastante notable es que desde el año 2007 la preocupación del consumidor por los  edulcorantes no calóricos como la sacarina, el asapartamo o la sucralosa ha ido en aumento. Y es que, aunque no hay investigaciones 100% concluyentes, cada vez son más los estudios que han surgido arrojando enormes dudas sobre la salubridad de estos EDULCORANTEcompuestos por diversas causas; desde que la ingesta de bebidas con edulcorantes sintéticos influyen en la subida de peso por el contenido excesivo de sodio que contienen lo cual estaría asociado a procesos de retención de líquido, hasta aquellos que apuntan a que algunas de estas sustancias podrían modificar las especies que conforman nuestra flora bacteriana afectando a nuestro metabolismo de tal manera que el nivel de azúcar en sangre se ve disparado y, finalmente están aquellos que apuntan a la posible capacidad carcinogénica de algunos de los edulcorantes.

¿Qué pintan los zumos en todo este entuerto?

A priori nada de nada. Pero he querido dar este pequeño rodeo al artículo porque, llamadme malpensado, llevo un tiempo con la mosca detrás de la oreja con algunos artículos que me encontré de forma casual a lo largo del 2014 en foros de divulgación para público general (principalmente prensa generalista). El mensaje de dichos artículos podía resumirse con la siguiente frase: “el zumo de naranja tiene tanto o más azúcar que un refresco de cola”. Así, sin más (a modo de ejemplo os dejo esta joya http://www.abc.es/salud/saber-comer/20141111/abci-mentira-zumo-frutas-azucar-201411111043.html ).

Sea como fuere, los refrescos convencionales están en recesión por los problemas de salud asociados a los azúcares y sus versiones “zero” o bajas en calorías, también lo están por las dudas que genera al consumidor los edulcorantes artificiales. A éstas dos causas del declive de los refrescos carbonatados, hay que sumar la aparición en unos casos y la refundación en otros, de otras opciones más populares en el mercado que les están quitando cuota, como son las aguas aromatizadas y el agua de coco como opciones bajas en calorías, o las bebidas a partir de frutas e incluso los zumos directos y que registran ventas crecientes año tras año.

La actual situación de descenso continuado del consumo per cápita de refrescos sumada a las iniciativas legislativas destinadas a gravar impuestos tanto en Europa como en el continente Americano, ha generado sin duda un situación de cierto nerviosismo en la industria de bebidas refrescantes y ante la escasa capacidad que dispone el sector para defenderse de los argumentos en contra, parece que han encontrado un filón argumental con el hecho de que los zumo de fruta llevan consigo los azúcares naturalmente presentes que había en la fruta y han decidido basar toda su defensa en que los zumos de fruta también contienen azúcares; no importa si estos venían de la fruta y por tanto no son resultado de adición de azúcares refinados, y al parecer tampoco importa que junto a los azúcares de la fruta también haya vitaminas, fibra, minerales y polifenoles. Para prueba de todo esto un botón; en la web de Coca-cola  en el apartado de preguntas y respuestas, ante la consulta de algún consumidor sobre la cantidad de azúcar que contiene la Coca-cola la respuesta literal empieza de la siguiente manera “Una ración de 250 ml de Coca-Cola no contiene ni más calorías ni más azúcares que la misma cantidad de zumo de naranja, y posee menos azúcares que la misma cantidad de zumo de manzana”, para que la comparación no resulte excesivamente descarada afortunadamente a continuación añaden “Los zumos de frutas también aportan importantes nutrientes”. (Para interesados puede verse en http://preguntasyrespuestas.cocacola.es/cantidad-azucar-refrescos#.VKpPLSuG-vM ).

Digamos que el hallazgo de este link ha sido la demostración final de que algún movimiento “lobbista” estaba empeñado poner de relieve que las bebidas refrescantes azucaradas tienen un nivel de azúcares similares a los zumos. En tales comparaciones se les olvida aportar datos como por ejemplo que cuando una persona toma en el desayuno un vaso de 250 ml de zumo de una naranja “tipo española”, esta ingesta le aporta, 24 gramos de azúcares naturalmente presentes en la fruta, 125 mg de vitamina C, 1.75 gramos de fibra alimentaria, 1.75 mg de beta caroteno, 430 mg de potasio, 121 mg de hesperidina, entre otros nutrientes y compuestos bioactivos.

Así es, con la crisis de popularidad de las bebidas refrescantes azucaradas, parece que alguien trata de esforzarse en quitarle a los zumos de fruta su papel de alimento compatible y adecuado en de dietas equilibradas y saludables, por su puesto siempre y cuando se consuma de forma equilibrada y no se conciba como un sustituto habitual de la fruta entera.

No es el momento de hacer un tratado nutricional para defender las bondades de nuestros queridos zumos de fruta pero sí que lo es para apelar al sentido común de los consumidores, científicos y de los articulistas de prensa. Creo que es un hecho universalmente aceptado que una buena manera de empezar el día para una persona adulta es complementando el desayuno con un vaso de 200 ml de zumos de fruta que nos aportarán azúcares y nutrientes todos ellos muy convenientes para poder afrontar las exigentes jornadas propias de nuestros tiempos. Esta ingesta podría repetirse a lo largo del día en función del consumo calórico y los gustos alimenticios de cada consumidor. En esta misma línea del sentido común, yo no recomendaría a nadie que como base de su dieta diaria ingiera a la hora de la comida del mediodía 500 ml de refresco de cola, o cuatro barras de pan, o siete plátanos ni tampoco 500 ml de zumo de naranja como sustituto del agua (pues para el caso de naranjas españolas estamos hablando de una ingesta equivalente de 6-7 naranjas de una sentada).

Impuestos a las bebidas azucaradas Vs. consumo responsable

Siguiendo con esta línea de actuar con el sentido común por bandera, vamos a volver al inicio de este post, a esa tendencia de gravar impuestos a las bebidas azucaradas.

Desde mi punto de vista, en el ámbito de la Unión Europea este tipo de iniciativas legislativas podrían entrar en conflicto, al menos en cuanto a la intencionalidad social se refiere, con otras disposiciones de ámbito europeo como es el caso del  Reglamento (UE) Nº 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de octubre de 2011 sobre información alimentaria facilitada al consumidor (…). Esta  ambiciosa Norma, tan importante para los consumidores pues pretende que éstos puedan disponer de absolutamente toda la información relevante del producto incluida la nutricional de una forma clara y objetiva, en su introducción insiste en aspectos como que (cito literalmente) “la consideración principal para exigir la obligatoriedad de la información alimentaria debe ser que los consumidores puedan reconocer y hacer uso adecuado de los alimentos, así como tomar decisiones que se adapten a sus necesidades dietéticas individuales”.

En mi opinión, este tipo de gravámenes tienden a crear malos hábitos sociales pues el consumidor es despojado de su responsabilidad para con su salud. Estamos una vez más ante un caso en el que a los ciudadanos nos gusta disponer de la libertad para elegir lo que queremos pero no queremos la responsabilidad de habernos equivocado cuando hacemos una mala elección. Todo ello nos lleva a perpetuar un modelo de consumo carente de la noción de responsabilidad, y es que, entre las muchas dimensiones en las que se puede valorar los bienes de consumo, o la relación entre quienes los producen y los que lo compran, debería aparecer con más frecuencia el concepto de “consumo responsable”. Nosotros, como consumidores, a la  hora de realizar la compra debemos hacer un ejercicio de valoración sobre aspectos tales como; dónde se produjo el alimento, bajo qué condiciones, considerar si el precio resulta excesivamente bajo o si puede afectar más negativamente en la sostenibilidad de los recursos naturales que otros, y por supuesto, si la dieta diaria que nos estamos plantando tiene un contenido de azúcares más o menos equilibrado.

Roger

4 comentarios en “¿Qué está pasando con los azúcares en las bebidas refrescantes?

  1. Muy interesante artículo.
    Al leerlo me surge la duda de que pasa cn los zumos de bote, los bifrutas (zumo con leche) y demás, que es lo que muchos niños demandan en lugar de los refgrescos. ¿Cual es su opinión de estos productos?

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    • Hola Antonio, celebro que te haya gustado el post y gracias por escribir. Para responderte antes quisiera hacer una puntualización y es que, me preguntas por una cuestión de nutrición infantil y dado que no soy un experto en este campo, te voy a dar mi opinión como conocedor de los procesos alimentarios y en especial los de bebidas. Sin duda lo mejor es tratar de preparar a los niños comidas lo más naturales y frescas posibles. No obstante, nuestro estilo de vida acelerado no siempre hace posible disponer de meriendas o almuerzos a base de productos frescos. Si este es el caso, yo sugeriría dar siempre un zumo 100% de fruta envasado antes que otro tipo de bebidas. En el caso de los productos tipo “fruta-leche” que mencionas estamos hablando de bebidas y no de zumos; la diferencia es grande, una bebida de fruta-leche lo más probable es que tenga en función de la marca, menos de un 10% de fruta y entre un 10-15% de leche además contiene una serie de aditivos saborizantes y nutrientes añadidos. En cambio un zumo, tiene 100% contenido de fruta y no lleva ingredientes no procedentes de la propia fruta. Muchos de los productos de fruta-leche además, entre sus ingredientes contienen sucralosa, que es un edulcorante intensivo no calórico que se utiliza combinado con el azúcar para reducir alrededor de un 30% el contenido de este último. Desde mi punto de vista, trataría de evitar bebidas con edulcorantes sintéticos para los niños y más aún de forma continuada. Para finalizar, y siguiendo con la comparación, 100 mL de un zumo de naranja comercial, por lo general vana aportar alrededor de 3 veces más de vitamina C y algo más de fibra que las bebidas tipo “fruta-leche”. Espero que te pueda servir mis comentarios.

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