¿Qué debo saber de los aditivos alimentarios?

Días atrás, en una cena en casa de unos amigos coincidí con otro invitado al cual fui presentado como profesional de la alimentación lo cual derivó, como no podía ser de otra manera, en que la conversación tuviera su momento alimentación, consumo y salud y en una de aquellas nuestro acompañante nos hizo el siguiente comentario (tápense los oídos los sensibles): ” a mi me han dicho que todos los aditivos de los alimentos con un número “E” son cancerígenos”, ante el cual le vine a responder con una  espontánea réplica del tipo “si tu realmente crees eso; ¿cómo puedes vivir tranquilo?”.

Esta inocente conversación, me llevó a reflexionar en los días siguientes sobre un problema muy generalizado que tenemos en la sociedad, que es la gran cantidad de medios y foros carentes de rigor técnico y científico que se empeñan en tratar de forma morbosa  y alarmista todo lo relacionado con la producción de alimentos. Motivado por esto decidí poner a trabajar mi capacidad pedagógica y escribir unas líneas desde un punto de vista profesional y científico sobre los aditivos alimentarios o los números E.

¿Qué son los aditivos o números E?.

Un aditivo alimentario  es una sustancia que no se consume como alimento en sí misma, y que se añade a los alimentos con un propósito tecnológico durante su fabricación, preparación, envasado y/o transporte, y como resultado se va a convertir en parte del alimento. Como consecuencia el aditivo necesariamente tendrá que aparecer en la declaración de ingredientes del alimento, bien por su nombre o por el número E, de manera que el etiquetado va a permitir al consumidor elegir libremente entre alimentos que contengan o no determinados aditivos.Pic.Adit.1

En la Unión Europea solamente está permitido el uso de los aditivos Autorizados y que figuran en la Lista comunitaria de aditivos alimentarios.

Para poder autorizarse un nuevo aditivo, en primer lugar la Comisión Europea tiene que aceptar la solicitud en base a información y datos científicos sobre la sustancia, su seguridad y ensayos toxicológicos. Si la Comisión Europea da el visto bueno, entra entonces la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) a evaluar el producto y será este órgano formado por expertos quien emita un dictamen final sobre la inocuidad del alimento. Para que se haga efectiva la autorización se tienen que cumplir, entre otras, estas dos condiciones:

  1. Se tiene que demostrar que hay una necesidad tecnológica suficiente y que el objetivo buscado no pueda alcanzarse por otros métodos económica o tecnológicamente viables.
  2. No debe presentar ningún peligro para la salud del consumidor a las dosis propuestas.

Por tanto el que un aditivo disponga de su número E es garantía de que ha pasado los controles de seguridad para ser utilizado en la Unión Europea. 

Pero, ¿por qué hay que utilizar aditivos?, ¿no es acaso mejor un producto natural?.

Sin duda alguna los consumidores preferimos alimentos naturales, auténticos, recién recolectados o capturados, excelentes a la vista y los sentidos y por supuesto saludables. La pretensión de alimentarnos con productos naturales es lícita y lógica, pero lo cierto es que no siempre la vamos a poder complacer.

En su propia definición ya hemos adelantado que los aditivos se tienen que añadir con una justificación técnica razonable para producir el alimento que no pueda cubrirse de otra forma. Tal justificación, no es una necesidad nueva alentada por algún tipo de interés particular, sino que los aditivos se han venido utilizado desde tiempos inmemorables por el hombre para conservar alimentos para las épocas del año de escasez o para poder transportarlos, por ejemplo el ahumado y el salado son técnicas utilizadas desde hace miles de años y sin el descubrimiento de las cuales muy posiblemente no se hubiera podido desarrollar la civilización tal y cómo la conocemos. Con el paso de los tiempos y con el desarrollo de la ciencia el hombre ha ido descubriendo otras sustancias nuevas que puedan seguir cumpliendo esas funciones que tantas facilidades le ha reportado  históricamente a la hora de aprovechar los alimentos que no se iban a consumir frescos justo al momento de su cosecha o captura.

Con relación al empleo de aditivos en la producción de alimentos, existen hoy día numerosos grupos de consumidores muy reacios, pero lo cierto es que en nuestros tiempos modernos  no parece un objetivo realista plantearnos que todos los consumidores podamos alimentarnos estrictamente de alimentos recién cosechados del campo o extraídos de las granjas o capturados del mar, para que inmediatamente tras su obtención consumirlos sin que se vea mermada sus características sensoriales, nutricionales y sobre todo su seguridad microbiológica. Por tanto, tal y como están organizadas nuestras sociedades y estilos de vida particulares los aditivos juegan un rol esencial en la conservación de los alimentos frente a bacterias, mohos y levaduras o frente a la pérdida de aspectos sensoriales y nutricionales.

¿Qué tipos de aditivos podemos encontrarnos?

Por la función que desempeñan en el alimento la legislación de la UE clasifica los aditivos en 26 clases funcionales, de  las que citamos algunas a continuación:

  • Colorantes: que se corresponderían con la serie numérica E-100 a E-199
  • Conservadores: con  serie numérica de E-200 a E-299
  • Antioxidantes: con serie numérica de E-300 a E-399
  • Potenciadores sabor: con serie numérica de E-600 a E-699
  • Otros grupos: edulcorantes, soportes, correctores de acidez, antiaglomerantes, etc.

Dentro de cada uno de los grupos en función de su origen vamos a encontrar del tipo aditivos sintéticos pero también una gran cantidad de aditivos naturales. A continuación citamos ejemplos de algunos de los aditivos naturales más habituales utilizados en alimentos:

  • Espesantes, gelificantes y estabilizadores: Pectinas (E-440), carragenatos (E-407), Agar (406), alginatos (E-401-E404), G. garrofín (E-410), G. Xantana (E-415), G. Arabiga (E414), Lecitinas (E-322), mono y diglicéridos (E-471).
  • Colorantes naturales: Antocianos (E-163), annato (E-160b), beta-caroteno (E-160a), cantaxantina (E-161g), paprika (E-160c), betaínas (E-162), carmín-cochinilla (E-120) clorofila (E-140), caramelo (E-150a).

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¿Qué aditivos serían los que gozan de peor popularidad?

En principio como consumidores europeos debemos pensar que vivimos en un mundo regulado y con plenas garantías. Cuando la EFSA valora la seguridad de un nuevo aditivo considera siempre el nivel máximo de exposición que cabe esperar para cada tipo de alimento. Partiendo de estos elevados niveles de exposición la sustancia es evaluada a partir de una gran cantidad de información entre otra los datos toxicológicos, que incluyen: información sobre el metabolismo de la sustancia, toxicidad crónica y subcrónica, carcinogenicidad y toxicidad para la reproducción y desarrollo de personas. En función de los informes de la EFSA, la Comisión puede restringir el uso de un aditivo o no utilizarlo en absoluto.

En base a estos aspectos, existen aditivos sin incidencia toxicológica alguna, que podrían tener un uso casi universal: carbonato de calcio ( E-170), ácido láctico (E-270), ácido cítrico (E-330), pectinas (E-440) ácidos grasos (E-570) y oxígeno (E-941). En cambio, existen otros cuyo uso está más restringido debido a sus características de toxicidad en determinadas condiciones y concentraciones: Natamicina (E-235) utilizado como conservante de superficie de quesos y embutidos secos, Ácido eritórbico (E-315), como antioxidante de determinados productos cárnicos y pesqueros y Ferrocianuro sódico (E-535) como agente antiaglomerante de la sal.

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De entre los aditivos que gozan de peor popularidad vamos a destacar:

  • Colorantes artificiales: este grupo de aditivos es el que sin duda genera mayor polémica entre los consumidores. La presión de éstos ha llevado incluso a muchas empresas a revisar la formulación de sus productos incorporando colorantes naturales en su lugar. Algunos de estos colorantes, los denominados azoicos, según estudios serían capaces de inducir hiperactividad y falta de concentración en niños. De hecho, la EFSA revisó en 2012 las cantidades máximas a aplicar en alimentos como son el amarillo de quinoleína (E-104), Amarillo anaranjado (E-110)  y el rojo cochinilla A (E-124). Además la legislación europea obliga que se incluya la información relativa a estos efectos negativos potenciales en la etiqueta de los alimentos para estos colorantes y también la tartrazina (E-102) y carmoisina (E-122).
  • Conservantes. Si bien en este grupo podemos encontrar algunos conservantes inofensivos como son el ácido sórbico (E-200) o ácido acético (E-260), lo cierto es que los conservantes por lo general no goza de gran reputación. Posiblemente se deba a que algunos de ellos pueden provocar alergias como el ácido benzoico (E-210) o el grupo de dióxido de azufre y sulfitos (del E-220 al E-228).
  • Edulcorantes artificiales. Son un grupo de aditivos que se más se ha normalizado en nuestra sociedad durante los últimos años habiéndose disparado su ingesta total en las poblaciones de países occidentales. En los últimos tiempos han aparecido en publicaciones científicas artículos que advierten de los riesgos potenciales que pueden conllevar algunas de estas sustancias en el largo plazo, algunas hablan de la capacidad de estas sustancias de modificar la flora bacteriana afectando a nuestra normal metabolización de los azúcares. No obstante estos estudios no están demostrados.
  • Potenciadores del sabor. Este grupo de aditivos tiene también su grupo de detractores debido principalmente a la controversia que ha generado en los últimos años el glutamato monosódico, pues algunos autores le han atribuido efectos tóxicos e incluso cancerígenos. Lo cierto es que los estudios realizados por las autoridades competentes no confirman tales efectos  y descartan cualquier otro efecto negativo sobre la salud. Con relación a los potenciadores del sabor, sería conveniente poner de relieve el uso generalizado que hace  nuestra sociedad del potenciador de sabor NaCl o sal común, cuyo uso abusivo en la dieta supone numerosos perjuicios para la salud y en cambio de forma más o menos general la sociedad lo consumo sin cuestionarse demasiadas cosas.

¿Qué conclusión debo sacar de toda esta información?

Qué duda cabe que como consumidores nuestra tendencia va a ser  elegir siempre primero alimentos naturales y sin procesados industriales, pero lo cierto es que es altamente improbable que toda la población pueda nutrirse únicamente de alimentos frescos sin procesado  alguno.

Esta realidad, nos lleva a que cotidianamente nos alimentemos con productos en cuya declaración aparecen aditivos con un número E que son los únicos aprobados en la UE. Este número E asignado no es otra cosa que un sistema de identificación universal para que todos los países miembros denominen de la misma manera una sustancia química y salvar así la barrera linguística entre regiones. Además este número permite simplificar las declaraciones de nombres químicos en ocasiones complejos en las etiquetas. Al parecer estos códigos numéricos pueden dar sensación de ocultismo a algunos consumidores, pero ¿acaso reaccionarían mejor si en lugar de declarar E-296 se declarara ácido málico? (nombre altamente sospechoso pero que no es otra cosa que el ácido orgánico más abundante de las manzanas).

En definitiva, el consumidor de la UE tiene plenas garantías de que cuando consume un alimento con un aditivo que lleva asociado un número E es seguro. No obstante, a mi siempre me gusta tener en mente al vulnerable colectivo de los niños frente a los cuales es conveniente aplicar siempre un principio de precaución extra. Por ello yo recomiendo privarles de determinados aditivos como los colorantes artificiales así como otras sustancias no necesarias para un público infantil cómo edulcorantes artificiales no calóricos y  evitar los conservantes. Asimismo, recordar que hoy día la técnica aporta soluciones para casi todo, y en el caso de la alimentación de niños pequeños siempre se puede acudir a los productos tipo babyfood fabricados por firmas especializadas destinadas al público infantil que eliminan en sus formulados este tipo de componentes.

En cualquier caso, tanto si hablamos de público infantil o adulto, nuestra querida legislación europea nos va a dar garantías de que cualquier aditivo añadido va a aparecer en la declaración de ingredientes y nosotros libremente podemos escoger qué alimento consumir.

Roger

REFERENCIAS:

9 comentarios en “¿Qué debo saber de los aditivos alimentarios?

  1. Qué buen artículo!! Ya sabes que este tema me apasiona….. y me preocupa en cierto modo. Sobretodo los productos con colorantes azoicos…. las chuches!

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    • Gracias Cristina, el tema de los colorantes azoicos suele levantar pasiones no tan solo por los efectos negativos que pudieran tener en niños sino como dices, el color llamativo de muchos productos para público infantil puede deberse a este tipo de colorante. Gracias de nuevo!!

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  2. Gracias por este y otros artículos interesantes, enhorabuena por el blog!! Sin sentir una pasión particular por ningún tipo de aditivo, estoy de acuerdo que algunos son necesarios y por eso los aprueba nuestra querida UE. No me convence tanto en el caso de la familia de colorantes o potenciadores de sabor, cuyo fin parece más el de “engañar” los sentidos del consumidor, que el de protegerlo de riesgos microbiologicos… Como siempre, lo difícil establecer las fronteras…

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    • Gracias José por escribir. Tus comentarios van muy en línea de lo que pretendía decir en el post. Los potenciadores de sabor son un grupo de aditivos que también generan debate pues como bien dices su finalidad no es ni preservar de riesgos microbiológicos ni preservar propiedades nutricionales, pero bien mirado, la sal nuestro potenciador de sabor “universal”, tal y como has dicho tu ¿donde ponemos las fronteras?. En cualquier caso, la legislación que nos aplica es muy garantista y mediante la lectura de las declaraciones de ingredientes los consumidores en última instancia vamos a poder elegir qué aditivos consumir o no.
      Gracias de nuevo, Te esperamos por aquí!!.

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  3. Interesante artículo Roger, como siempre. Por mi experiencia en el sector alimentario, el mundo de los aditivos para los consumidores es uno de los puntos más controvertidos, y como ocurre la mayoría de las veces, dicha controversia es consecuencia de la falta de información: la información suele dar tranquilidad. También es cierto que somos bombardeados a diario con tal cantidad de información que nos es complicado valorar su utilidad, sobre todo cuando ésta nos llega a través de redes sociales en las que no solemos contrastar las fuentes. Todo esto provoca estas teorías ‘conspiranoicas’ (tal y como diría JM Mulet) y que pueden llegar a ser tan nocivas para el consumidor como para afirmar que el E-160 es cancerígeno, cuando en realidad se trata de los carotenoides, que son colorantes tan naturales y saludables como los que podemos encontrar en una zanahoria. Dicho esto, pienso que debemos realizar un análisis global de la situación: ¿es la alimentación actual más peligrosa que la que había en la época de nuestros abuelos? Si vemos cualquier gráfico de esperanza de vida de los últimos 100 años por ejemplo, es fácil darse cuenta de que no estaremos haciendo las cosas tan mal como algunos pueden pensar, tanto en lo que se refiere a la medicina como a la alimentación. Suerte y ánimo con el blog.

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    • Gracias por tu comentario Alexis, y por tus interesantes apuntes; estoy de acuerdo contigo no deberemos estar haciendo tan mal las cosas con la esperanza de vida actual y aprovechando que sacas el tema, en la época de nuestros abuelos ya existían los pesticidas, metales pesados, micotoxinas y casi todos los contaminantes que contempla la legislación europea actual, pero… ¿existía entonces una legislación que controlara esas sustancias?, ¿y laboratorios de control dotados de técnicas analíticas adecuadas para controlarlo?, efectivamente las respuesta es que, hace 75 años prácticamente NO y en cambio ahora SÍ.
      gracias!

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  4. Pingback: Fruit – juice affair

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