Lo que pagamos por lo que comemos

El pasado 24 de junio leía una entrevista en el periódico eldia.es al Sr. Manuel Chico López, químico veterano y experto en zumos y bebidas en la que exponía las diferencias entre zumo, néctar y bebida y su vinculación con la salud. En un momento dado el periodista formuló una pregunta que a mí me resultó reveladora: “¿Cómo se puede explicar que los envases de algunos zumos y néctares sean incluso más baratos que los de agua?”, puesto que de la misma se desprendía sorpresa por los bajos precios que en algunas ocasiones se pueden ver en los supermercados.

Dejando la entrevista aparte, voy a centrarme hoy en un aspecto que como profesional de la producción alimentaria me ha preocupado en muchas ocasiones; se trata del precio al que podemos comprar algunos alimentos en los supermercados. Ya en mi otro artículo del pasado noviembre ¿Marca blanca o primera blanca? al final hacía una reflexión sobre los precios de los alimentos y apuntaba que el peor enemigo de una marca de distribución (y cualquier marca en general) no era otro que una tendencia descendente de precios demasiado prolongada en el tiempo. Luego veremos el porqué. _siism7d3d6aef_29d5651f Hoy voy a analizar el precio que pagamos por los alimentos que compramos en el supermercado poniendo como ejemplo un producto que conozco bien como son los zumos directos de cítricos procedentes de fruta cultivada en España. Para ello vamos a hacer una radiografía del sector desde el año 2003 al año 2013. Durante este periodo, el precio de las naranjas destinadas a la industria de transformación se ha visto incrementado alrededor de un 100% y el de las mandarinas sobre el 150%. Aprovecho para resaltar que en este post estamos analizando el precio de los cítricos destinados a industria que serían aquellos que presentan unos calibres o coloraciones que quedarían fuera del estándar de la fruta de mesa y por tanto tiene otros costes y otra evolución temporal de precios con respecto a esta última (otro caso muy distinto sería el precio que perciben los agricultores por la fruta de mesa para ser comercializada en los stands de fruta fresca de los supermercados). En este  mismo periodo los costes laborales en España subieron un 32% según los datos del INE, es decir, en 2003 el coste laboral neto anual para un trabajador del sector Industria era de 27.672, 90€ y en 2013 era 36.536,61 €. Aquí es importante señalar que coste laboral neto no es lo mismo que salario, puesto que el primero incluye costes tales como cotizaciones obligatorias, beneficios sociales, indemnizaciones por despidos, gastos derivados del trabajo y gastos en formación (obviamente si estuviéramos hablando de salarios la evolución habría sido posiblemente otra debido a la evolución decreciente de los mismos en los últimos años). Finalmente vamos a analizar la evolución del coste de la energía eléctrica. En este caso basándonos en datos del Eurostat, sobre evolución del precio de la electricidad para consumidores industriales, en la década de referencia el precio habría subido alrededor del 70%. Pues bien, si nos vamos a los precios al que se le paga a las industrias de transformación de la fruta en zumo, es decir precio del raw material zumo de naranja o mandarina a granel destinado a las plantas que finalmente envasarán el producto de marca blanca o marca de fabricante, éste ha sufrido un incremento del 5.5% en la década objeto de análisis. Si recopilamos esta sopa de datos tenemos que del 2003 al 2013, la industria de trasformación de zumos ha visto incrementado el precio de la fruta entre un 100 y 150%, los costes laborales en un 32% y el precio de la energía eléctrica en un 70% aproximadamente y en contrapartida en este mismo periodo ha podido incrementar su precio de venta del zumo a granel a las plantas de envasado en un 5,5%.cost-comparison A la vista de estos datos creo que el lector no tiene que ser un alumno aventajado de  las serie Barrio Sésamo para sacar unas cuentas rápidas y ver todos los incrementos de costes que están soportando los transformadores de la fruta sin apenas poderlo repercutir en el precio de su producto final. Es evidente que estamos hablando de costes y precios medios y no todas las marcas y envasadores finales van a pagar lo mismo por su materia prima –zumo- pues algunas pagaran mejor otras peor. Basta para ello echar un vistazo a los lineales de los supermercados y observaremos que tenemos marcas y precios de todo tipo: 0.90€, 1.25 €, 1.80€ y 2.10€. Estuve visitando varios supermercados  (Carrefour, Consum, El Corte Inglés y Mercadona) y detecté 19 referencias distintas de zumo directo de naranja (en algunos casos un fabricante presenta varios tipos) y  en base a los precios que observé se podría clasificar el mercado en referencias de muy bajo precio que oscilarían entre 0.85 y 1.15€, referencias de precio alto entre 1.85 y 2.50 € y referencias con un precio de bajo a intermedio entre 1.20 y 1.80€. 41+oNC6CIbL._SY344_BO1,204,203,200_ Desde mi punto de vista, conociendo el producto del que estamos hablando y dándole el valor que se merece a un zumo de naranja, no alcanzo a entender por qué es necesario poner a la venta un zumo directo de naranja cultivadas en España al precio de 0.90 € el paquete. Para poder producir 1 litro de zumo de naranjas a partir de naranjas españolas hace falta 2.5 kg de fruta, si el precio medio al que compramos las naranjas para nuestros hogares a lo largo del año es de 1.25€ (con las oscilaciones habituales de los productos agrícolas a lo largo de una campaña), ¿no parecería lógico a la vez que justo pensar que qué menos que pagar por 1 L de zumo envasado lo que nos costaría 1 Kg de fruta?, ¿realmente es necesario poner en el lineal un producto a tan bajo precio?. O dicho de otra manera; si  un zumo puesto en lineal cuesta 0.90€ ¿ puede toda la cadena de valor desde la compra de la fruta, pasando por las industrias de trasformación y envasado soportar dignamente esos incrementos de coste fruta, costes laborales y energía que tienen lugar año tras año?.  Aquí cada cual que saque sus conclusiones. Este escenario que hemos planteado para el zumo de naranja lo podemos extrapolar perfectamente a la leche, aceite de oliva, embutidos o yogures. Ya lo mencioné en el post ¿marca blanca o primera marca?, que la exigencia por parte de la distribución de precios excesivamente bajos a la larga puede generar “desequilibrios” entre lo producido y lo declarado en el alimento y en ocasiones, a los que estamos en esto de la alimentación, determinados precios observados en algunos alimentos nos hace cuestionarnos si éstos van a permitir soportar todos los costes que hay “detrás” del punto de venta, empezando por la agricultura y ganadería. Es evidente que ha habido algún caso que no, aunque éstos son siempre muy aislados también lo son muy sonoros pues, todavía resuenan en las redes sociales los escándalos que salpicaron a determinados sectores cárnicos al detectarse en productos de carne 100% vacuno según etiqueta, contenidos importantes de carne equina sin venir declarado en la etiqueta. Creo que vale la pena que lo reflexionemos brevemente cuando estemos en el supermercado debatiendo si compramos el producto barato o el superbarato.

Roger

5 comentarios en “Lo que pagamos por lo que comemos

  1. Uno de los factores causantes de este problema podría ser el hecho de pertenecer al grupo de los llamados Productos Reclamo: productos básicos de alta penetración en los hogares (aceite, leche, etc.), cuyo precio el consumidor utiliza como medida comparativa entre las distintas grandes superficies. Incluso se dan casos de ‘venta a pérdidas’ (cuando el precio de venta al consumidor es inferior al precio de compra al productor), con los problemas que todo esto conlleva.

    Saludos

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    • Hola Alexis, gracias por tu apreciación. Efectivamente lo que dices es cierto, algunos de los productos de gran consumo, como puede ser el aceite de oliva virgen, forman parte de ese grupo que denominas “Productos reclamo” ofertándose a bajo precio como reclamo para atraer a consumidores. Este tal y como apuntas también podría ser uno de los factores que forzarían a bajar el precio de algunos productos alimentarios de forma “irracional”.

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  2. Creo que en la argumentación se parte de un error al comparar el precio de un litro de zumo “Low Cost” con el precio de un kg. de naranjas de mesa. Actualmente los mercados agrarios de la UE están regulados por el Reglamento Comunitario 1308/2013 que supone un marco común simplificado de la Política Agraria Común. De dicho reglamento deriva el desarrollo de normas comunitarias de comercialización, entre ellas, la norma general de Frutas y Hortalizas (Reglamento 543/2011). Este reglamento recoge para algunos productos de especial interés comercial, como en el caso de cítricos, unos requisitos mínimos de calidad: los frutos deben estar enteros, exentos de heridas, sanos, limpios, exentos de plagas o daños causados por las mismas, de señales de desecación o daños de heladas…, y un estado de madurez capaz de soportar su transporte y almacenamiento. Además de un diámetro mínimo y máximo. La inspección de los productos agroalimentarios destinados a Comercio Exterior se realiza en los Servicios Oficiales de Inspección, Verificación y Regulación de la Exportaciones (SOIVRE) de la Secretaría de Estado de Comercio, dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad.

    Con todo esto quiero decir que, la fruta destinada a su transformación industrial en zumo, no alcanza los requisitos mínimos de calidad del reglamento descrito, estando prohibido comercializarse ni dentro ni fuera de la UE, y por ello se destina a zumo, alcanzando en el mercado un precio inferior al zumo que se obtenga de ella.

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    • Hola Miguel, en primer lugar agradecerte tu participación en este blog con tu detallado mensaje. Tal y cómo dices no hay que comparar el precio de un litro de zumo comercial con un Kg de naranjas de mesa y mi intención no era en ningún momento caer en tal simplificación. En el artículo yo ya hago la distinción entre la fruta utilizada en la industria que es aquella que por presentar determinadas características no es apta para cumplir con los estándares de fruta de mesa y que además presenta unos precios distintos a la fruta apta para mesa (obviamente de precios mucho más altos).
      Lo que sí pretendo decir, es que la fruta utilizada en industria, que estaría constituida como bien dices en parte por aquellos destríos que se generan en los almacenes por no alcanzar los mínimos en cuanto apariencia visual y tamaño, y también por aquella fruta que no se ha podido comercializar para fresco por cuestiones estrictamente de mercado y su única salida final ha sido la industria, reúne características fisicoquímicas y organolépticas aptas para hacer un zumo de calidad sensorial envidiable. No hay que olvidar que tanto la Directiva 2012/12/CE de zumos como el Real Decreto 781/2013 establecen que el zumo es el producto “…obtenido de las partes comestibles de frutas sanas y maduras…”, es decir, que el hecho de que la fruta o parte de ésta proceda de destríos no implica que la calidad sensorial y nutritiva del zumo no pueda ser excelente. Dicho esto, sí me parece oportuno mencionar además que, si tenemos en cuenta que para hacer un litro de zumo vamos a necesitar alrededor de 2.5 Kg de naranjas frescas, a priori, parece algo desproporcionado pensar que el litro de zumo directo producido en España pueda costar 0.85 o 0.90€ no llegando ni siquiera en determinados momentos a pagar el coste de 1kg de naranjas frescas. Es a mi juicio, una comparación que resulta muy gráfica para el consumidor y puede ayudar a entender la magnitud de lo que trato de decir y es que, en el sector de los zumos, al igual que en gran cantidad de productos de gran consumo sufren una presión de precios en ocasiones excesiva para lo que realmente sería sano en el sector.
      Una vez más gracias por tu comentario. Un saludo, Roger.

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  3. Pingback: Lo que pagamos por lo que comemos II | Fruit – juice affair

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