Desmontando mitos y exageraciones vertidas sobre los zumos de frutas

A estas alturas, todos somos conscientes de que los alimentos ultraprocesados que se suelen caracterizar por su elevado contenido en grasas, sal o azúcares no son recomendables como base de una dieta. Especial hincapié han estado haciendo autoridades y expertos sobre el exceso de azúcares en los alimentos y las repercusiones que ello puede traer para la salud.

Hasta aquí el discurso es razonable, moderado y provechoso desde el punto de vista de la salud del consumidor. Pero llega el momento en que los cruzados de la salud ajena y protectores de peligros ocultos tras el envase del alimento apuntan con su mirilla a los zumos de frutas y se los cargan literalmente sin contemplaciones; nunca antes el placentero gesto de empezar el día con una tostadita de aceite de oliva, el vaso de zumo de naranja de 200 mL y un café había sido considerado un acto tan irresponsable para la salud. Pero menos mal que están estos salvadores para desenmascarar a tales malhechores con piel de cordero que utilizan la tierna imagen de una naranja moteada con gotas de rocío para vendernos dentro de  un Tetrabrik algo tan perverso como UN ZUMO DE NARANJA!, Ah canallas!. Sigue leyendo